jueves 28 de mayo de 2009

La impecabilidad de Pep Guardiola

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Me confieso poco seguidor del fútbol, pero un gran admirador del espectáculo. Normalmente, aprovecho las grandes finales para disfrutar de un espectáculo de masas como es el fútbol de alto nivel. Aunque debo reconocer, que el espectáculo termina cuando los participantes hablan. Tópicos, frases hechas, comunicación enlatada para satisfacer a los media. En el peor de los casos (y no el menos habitual), comentarios provocativos, desconsiderados o faltos de respeto. Pero todo esto cambió con la llegada del Sr. Guardiola.

No se si Pep Guardiola ha hecho un intento deliberado de seguir un manual de credibilidad, pero lo cierto es que ha seguido punto por punto lo que cualquier persona, desde mi punto de vista, debería aplicarse para aumentar su credibilidad.

Retrocedamos por unos instantes a hace 10 meses. La credibilidad de Guardiola era prácticamente nula dada su escasa experiencia como entrenador (un año con el FC Barcelona B en tercera división). Llegaba a un club repleto de estrellas que habían perdido el rumbo. 10 meses después, es un gurú delante del que todos genuflexan.

¿Qué ha pasado durante estos 10 meses? Yo no puedo hablar de fútbol, solo de personas.

Guardiola es un personaje que controla su discurso, que define unos valores y que es coherente con ellos. Habla de sacrificio, de humildad, de prudencia de persistencia, de trabajo en equipo, y él es humilde, sacrificado, prudente, persistente y nada personalista. Dice cuando está enfadado, cuando está alegre, no pretende engañar ni ocultar nada a los que tiene en frente. Y además, lo hace consistentemente en el tiempo. Ha mantenido el mismo discurso desde el inicio de la liga, tanto en los momentos de más duda y como en los momentos de más euforia.

Guardiola, solo prometió lo que sabía que podía cumplir: trabajar con esfuerzo y humildad para el bien de todos, construir un equipo del que sus seguidores se sintiesen orgullosos más allá de títulos y copas. Hay cosas que no dependen solo de uno mismo, como ganar un título, hay otras que si, como el esfuerzo. Cumplió con creces. Durante todo este tiempo ha clarificado expectativas, delimitando muy bien lo que se podía esperar de él y de su equipo, y el resultado final ha sido el mejor registro en la historia del fútbol español, pero si no lo hubiera conseguido, nadie lo hubiera reprochado nada.

Guardiola es absolutamente impecable con las palabras. Nunca habla mal de nadie, ni recrimina en público, ni descalifica. Cuando las cosas van mal, acepta la realidad y se responsabiliza. Describe objetivamente la situación sin entrar en juicios de valor estériles. A la vez, es generoso con sus alabanzas, apoya a sus jugadores siempre y cuando ellos cumplan con un solo compromiso: darlo todo en el campo.

Guardiola confía incondicionalmente en su gente y solo pide lo mismo a cambio. Les pide lealtad y él lo es. Se dirige a sus contrincantes con respeto sean de primera o tercera división. Es moderado en su discurso, sin radicalizar ni sobre actuar. Probablemente, Sócrates estaría orgulloso de él.

Pero también es humano, y grita, llora, se exaspera en el campo, corre con los brazos en alto. Se funde con el equipo en un emotivo abrazo, se vuelve cercano y accesible. Ha convertido a su equipo en un reflejo de sus valores: ha cohesionado a un grupo de jugadores para que busquen un objetivo común y mayor que cada uno de ellos, ha convertido a defensas en delanteros y a delanteros en defensas, les ha hecho que trabajaran hasta el último segundo de cada partido y que se sintieran orgullosos de ello.

Les ha hecho humildes, pero ambiciosos y orgullosos a la vez. Les ha convertido en el mejor equipo del mundo y de la historia, y no necesariamente por sus resultados, sino por los valores que defienden, en un deporte de estrellas multimillonarias y excesos de todo tipo. A diferencia de otros equipos, el F.C. Barcelona no está compuesto de estrellas, sino de héroes. Héroes humildes, entregados, generosos, prudentes, sensibles. Un claro reflejo de su entrenador.

Si el Barón de Cubertain levantara la cabeza, estoy seguro que le gustaría ver el espíritu del Barça en cada uno de los equipos del planeta. Él buscaba el perfeccionamiento espiritual a través del deporte y este equipo, va camino de la perfección gracias a su líder.

En un mundo donde los valores tambalean peligrosamente, Pep Guardiola se ha convertido en una referencia para todos aquellos que están desconcertados por esta depravación y depredación al que está sometido nuestro mundo y nuestra sociedad. Su impecabilidad y congruencia lo convierten a él y su equipo, en un santuario de confianza y credibilidad en una sociedad sin rumbo.

Xavier Pirla

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jueves 21 de mayo de 2009

Nudgeando

Nuestra actividad diaria se basa en una acomulación de pequeñas acciones que van desde tomar un café, a limpiarse los dientes o poner el intermitente hasta decidir que tarea realizar primero o que contrato firmar. Detrás de cada una de ellas hay infinidad de pequeñas decisiones que se deben tomar. Si tuvieramos que reflexionar detenidamente sobre cada una de ellas, nuestra vida sería poco funcional. Por eso, internalizamos y automatizamos una gran mayoría que se dan frecuentemente, liberando capacidad de proceso para tareas más poco habituales y que requieren más de nuestra atención. Simplemente es práctico.

Alguna vez se habrá empeñado en meter una llave que no correspondía en la cerradura una y otra vez, hasta que se ha detenido a entender que estaba pasando. El proceso de llevar de la inconsciencia a la consciencia un proceso automatizado, puede desbloquear situaciones a través de entender que existen otras opciones para hacerlo de un modo distinto.

En este sentido, es interesante ver como se puede controlar a poblaciones enteras haciendo uso de esta automatización de procesos. "Nudge", es un libro escrito por Thaler y Sunstein que nos habla de la arquitectura de las decisiones. Es decir, como conseguir que la mayoría tienda a tomar unas decisiones más convenientes según el criterio de una minoría ilustrada.

Hay múltiples casos de estas arquitecturas de decisiones, como por ejemplo la disposición de la comida en los supermercados, las tarifas eléctricas nocturnas, y una retalía completa de subterfugios que utilizan los atajos que tiene nuestra mente para ahorrarse tiempo, para llevar a las personas a tomar ciertas decisiones.

La publicidad ha utilizado desde hace muchos años estas tendencias de nuestra cabeza, hasta el punto que nos familiarizan desde pequeños con ciertos procedimientos o conceptos transmitidos de padres a hijos y reforzados por los medios de comunicación.

Cosas tan obvias como la cantidad de pasta dentrífica que se pone en el cepillo: ¿Alguién ha pensado que cantidad necesita? Lo cierto es que es al menos 1/20 parte que la que muestran en los anuncios o en la misma caja de cartrón. ¿Es necesario tener un frigorífico de más de 2 metros y llenarlo hasta los topes? ¿Es necesario que la ropa huela a algo cuando está limpia?¿No podría estar limpia y ya está? ¿Porque tenemos tendencía a querer mejores casas, coches, etc? Son cuestiones que normalmente no se plantean, pero que sus efectos han sido provocados muy deliberadamente para que tomemos decisiones y realicemos acciones automáticamente o inconscientemente.

Lo particularmente curioso es como muchas acciones nunca han pasado por un estadio consciente de aprendizaje, ya que se han integrado desde la infancia gracias a la transmisión a través de los padres que a su vez, quizás lo aprendieron de sus padres o de campañas de publicidad o de políticas del gobierno del momento.

Gracias a esta tecnología de la arquitectura de las decisiones, se pueden controlar ciertas reacciones sociales y comprender porque se producen ciertos fenómenos sociales como las crisis especulativas, tal y como cuenta Fernando Trías de Bes en su último libro "El hombre que cambió su casa por un tulipán".

Solo tomando consciencia de estos procesos automatizados que acaban controlando nuestra vida, podremos ser más libres para tomar las decisiones que más nos convengan en cada momento, y no las que les convengan a otros.