Hace solo escasos centenares de años, la población vivía sumida en la más plena ignorancia y analfabetismo. En los tiempos en que el sentido y significado de la vida eran un misterio para la mayoría de los mortales, los científicos eran una excentricidad y el monopolio de dicha interpretación recaía sobre los religiosos y el modelo del mundo que defendían: la religión.
La realidad por si misma, no es más que una caótica sucesión de sucesos, la gran mayoría sin una relación causa-efecto clara. Una de las cosas en que todos podríamos estar de acuerdo, es en la habilidad que caracteriza a los humanos para poder generar escenarios de futuro, ya sea por aprendizajes derivados de experiencias pasadas o por inferencias lógicas, conectando diferentes hechos.
Eso parece que fué una de las habilidades que nos permitió empezar a cultivar, a guardar los excedentes, a domesticar animales, etc.. Pero para poder crear hipotesis, se requiere de un marco conceptual donde estas hipotesis tengan sentido (como veremos más adelante). Por definición, este marco define y a la vez delimita, la capacidad de las hipotesis para describir la realidad.
Es decir, pasamos del modelo heliocéntrico al model geocéntrico y otra vez al modelo heliocéntrico dependiendo del marco o contexto de pensamiento de la época donde se formulaba la hipótesis.
Este ejemplo no es casual, ya que si durante siglos fuimos alternando entre estos dos modelos, fué entre otras razones, porque no es tan evidente cual de los dos es el más válido. De hecho, el más evidente es el geocéntrico ya que desde nuestra experiencia subjetiva, es el Sol el que se mueve y no la Tierra. Lo que no es evidente es que se mueva el sol, pero es muy difícil concluir desde sólo la observación, el porque se produce este fenómeno.
Aunque para poder predecir, se requiere construir un modelo descriptivo en el que introduciéndole información, genere un cálculo o resultado hipotético.
Durante siglos, esta función estaba en manos de pensadores, filósofos y teólogos (en muchos casos eran la misma persona) que se adentraban en un mundo de ideas, conceptos y abstracciones, mientras que al mismo tiempo, se alejaban de lo cotidiano.
Si al pensador seguramente le era difícil cultivar, criar ganado o hacer artesanía. Para el campesino, pastor o artesano, le debía ser difícil entender esos conceptos tan abstractos de los que hablaban los expertos en el mundo de las ideas, aunque simplemente fuera por falta de tiempo, costumbre o interés.
Pero el campesino, con vender sus excedentes ya tenía sufciente. No necesitaba que nadie entendiera que hacía o como lo hacía. En cambio, el pensador tenía que encontrar un modo de poder expresar sus ideas para que fueran comprensibles por los no especialistas.
La necesidad de traducir conceptos abstractos, o muy complejos en un lenguaje comprensible para la persona de la calle, se ha constituido como una de las fuentes de manipulaciones, falacias, impresiciones y directamente falsedades más habituales de todos los tiempos y especialmente desde la revolución industrial, y por lo tanto, ampliamente utilizada para manipular al conjunto de la población, y en el peor de los casos para justificar guerras debastadoras.
Durante esta serie de artículos, veremos como la distancia que separa a un campesino de la edad media que creía sin duda alguna lo que su arzobispo le decía, de nosotros que nos creemos casi cualquier cosa que los expertos dicen, es mínima.
En esta serie de artículos vamos a ver como el conocimiento científico, se ha convertido en muchas casos en una nueva religión que muchos utilizan para dar certeza al mundo, para convencer y para controlar al resto de la población bajo este nuevo credo.
Pero lo cierto es, que en la mayoría de los que hablan utilizando a la ciencia como avalador de sus ideas, poco saben de los principios del pensamiento científico, ni tienen la base científica para poder afirmar lo que afirman con un poco de consistencia.
A pesar de ello, la estadística se ha convertido en la nueva palabra de Dios, y sus resultados en la nueva verdad capaz de sustentar las más inverosímiles de las teorías.
El nulo conocimiento de los mínimos principios científicos de la mayoría, ha convertido a los expertos (economistas, psicólogos, médicos, físicos,...)en los nuevos sacerdotes que usando su propia jerga y esgrimiendo datos carecientes de sentido para el resto, consiguen persuadir que su realidad es la verdadera.
Les avalan 300 años de un avance tecnológico sin precentes en la historia de la humanidad. Y este simple argumento, provoca que al profano le resulte muy difícil contradecir o poner en duda, la verdad que defienden.
Pero veremos que la estadística y disciplinas afines, no son más que un intento falaz de querer apoderarse de la verdad (afán que va encontra del propio espíritu científico pero al mismo tiempo muy humano), y que la ciencia y sus principios se han alejado tanto de sus principios básicos, que hasta los propios científicos desconocen o han experimentado de primera mano, los principios que utilizan para generar más modelos, con lo que por lo general, no se cuestionan las bases o marco que hace posible sus propias hipótesis, creando un círculo viciosa muy peligroso.
Xavier Pirla
Director TI
miércoles 16 de diciembre de 2009
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