En TI estamos fascinados con la construcción de la realidad por parte de la mente humana. En cualquier proceso persuasivo, el objetivo principal del persuasor es conseguir un cambio de creencias en el persuadido. Las creencias son conjuntos de construcciones lógico-lingüísticas que establecen normas o reglas sobre el funcionamiento del mundo. Es decir, de algún modo le dan sentido, significado, orden a lo que está pasando fuera, para poder entenderlo y a la vez para poder hacer cálculos, pronósticos, y poder ejecutar acciones estratégicas, sean del tipo que sean.
Lo que realmente es fascinante, son las estrategias o procesos mentales que llevamos a cabo para generar esas creencias. El estudio de lo que lleva a las personas a creer, o dicho en otras palabras, a darle sentido o significado a la realidad, debería ser el paso inicial de cualquier estudio sobre la persuasión.
Un estudio meticuloso de las condiciones que se tienen que dar para que un individuo se crea algo, nos lleva a la conclusión hipotética que estas condiciones suelen ser muy precarias y que en definitiva, vivimos en un mundo donde el pensamiento crítico (el que establece criterios para procesar la información) se deja en un segundo plano y en el que las personas, básicamente se tragan casi cualquier tipo de información.
En este blog, ya hemos hablado varias veces sobre esta cuestión, en diferentes ámbitos de nuestra vida cuotidiana, pero es interesante observar como este fenómeno se extiende por todos los ámbitos de la vida.
Solo es necesario observar como el caso de la prostitución en el Raval es tratado por el ciudadano de a pie. Muy pocos de los que opinan sobre el tema han puesto los pies en el barrio del Raval de Barcelona. Muchos de los que si, quizás lo hayan hecho durante horas donde esa problemática no existe o es inferior. Sea como sea, muy probablemente todos ellos habrán elaborado su propio creencia sobre el tema en cuestión, y la gran mayoría sin una fuente de información más creíble que la inferencia que hicieron un día que pasaron por ahí del tipo: “Si de día es así, como debe ser de noche”, o lo que vieron a través de unas fotografías más o menos explícitas.
Hasta no hace muchos años, las fotografías, las pruebas gráficas, se consideraban de un gran valor testimonial. Eran pruebas evidentes de lo que estaba pasando en algún lugar. Este punto nos lleva una vez más a reflexionar sobre como validamos la información.
Las fotografías son imágenes congeladas, y en muchos casos descontextualizadas. En ocasiones, las fotografías te permiten entender las circunstancias, el contexto, y en muchas otras no. Pero las fotos ya eran trucadas en tiempos de Stalin, haciendo desaparecer convenientemente disidentes o enemigos del pueblo sin que existiera el PhotoShop. Por otro lado, son conocidas las imágenes de la primera guerra del Golfo Pérsico donde se veía a un ave acuática languidecer empapada en petróleo, cuando esas imágenes eran de la catástrofe del Exxon Valdez en Alaska. En estos momentos, ya existen empresas que ofrecen el servicio de retoque de imágenes para fotografías de las vacaciones, pero ya hace bastante tiempo que sabemos que no nos podemos fiar de los cuerpos esculturales de los modelos de las fotografías. Y a medida que avance la tecnología, será mucho más sencillo retocar los videos.
Este punto nos lleva a evaluar la clasificación en términos de veracidad a la que estamos sometiendo a las fotografías y aún en menor medida, a los videos. Estos apoyos gráficos que en algún momento fuero una evidencia irrefutable de una situación, están perdiendo su status, pero quizás, nunca tuvieron que haber llegado a tener el que tuvieron. Simplemente, porque constituyen una evidencia muy sesgada de un hecho.
Este punto me lleva una vez más, al caso del Raval y como las personas, se apoyan en ciertos elementos para construir sus creencias. El hecho que salgan ciertos vecinos indignados hablando sobre la situación y unas imágenes o fotografías de unas calles que el 95% de los que las ven muy probablemente ni pueden reconocer, son suficientes para algunos para creer que el problema es real. Para otros, será eso y el recuerdo de una visita a una gran ciudad parecida a Barcelona, para otros, las palabras de un policía, para otros las de las propias prostitutas.
Nada de ello, nos puedo dar una lectura de la realidad, solo hipótesis. El punto a destacar es que a menudo, sí les damos el status de “descriptores” de la realidad y actuamos como si esas creencias nos dieran acceso a ella.
El caso es, que como en muchísimos otros aspectos de la vida, nuestro mundo se restringe a lo que tenemos a nuestro alrededor, y hasta en ese entorno más inmediato, muchas veces tenemos que realizar inferencias, llegar a conclusiones con una información muy limitada y alejada de la propia realidad.
Cuando la creencia que formamos se aleja de nuestra propia experiencia cuotidiana, es cuando los elementos que tenemos que tener en cuenta para formular adecuadamente esa creencia (que le da sentido a lo que está pasando), son en el mejor de los casos débiles.
Y es que el ser humano tiene una necesidad inherente de entender (comprender) aquello que pasa a su alrededor. Piensen por un momento, en los instantes posteriores a un suceso traumático, ya sea una catástrofe natural, atentado terrorista, accidente, la primera pregunta que suele verbalizarse es "¿Qué ha pasado?" De hecho, y pensado fríamente, la respuesta va ayudar poco a la resolución inmediata de dicha situación, pero si tranquiliza a una parte del ser humano que necesita darle un significado para poder interactuar con la realidad.
Nuestra necesidad de darle significado a la realidad, y en general un pensamiento crítico poco desarrollado, son el caldo de cultivo idóneo para que seamos fácilmente condicionados por grupos de interés en general o específicamente por personas que quieran persuadirnos de cualquier cosa.
jueves 3 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada