
Me confieso poco seguidor del fútbol, pero un gran admirador del espectáculo. Normalmente, aprovecho las grandes finales para disfrutar de un espectáculo de masas como es el fútbol de alto nivel. Aunque debo reconocer, que el espectáculo termina cuando los participantes hablan. Tópicos, frases hechas, comunicación enlatada para satisfacer a los media. En el peor de los casos (y no el menos habitual), comentarios provocativos, desconsiderados o faltos de respeto. Pero todo esto cambió con la llegada del Sr. Guardiola.
No se si Pep Guardiola ha hecho un intento deliberado de seguir un manual de credibilidad, pero lo cierto es que ha seguido punto por punto lo que cualquier persona, desde mi punto de vista, debería aplicarse para aumentar su credibilidad.
Retrocedamos por unos instantes a hace 10 meses. La credibilidad de Guardiola era prácticamente nula dada su escasa experiencia como entrenador (un año con el FC Barcelona B en tercera división). Llegaba a un club repleto de estrellas que habían perdido el rumbo. 10 meses después, es un gurú delante del que todos genuflexan.
¿Qué ha pasado durante estos 10 meses? Yo no puedo hablar de fútbol, solo de personas.
Guardiola es un personaje que controla su discurso, que define unos valores y que es coherente con ellos. Habla de sacrificio, de humildad, de prudencia de persistencia, de trabajo en equipo, y él es humilde, sacrificado, prudente, persistente y nada personalista. Dice cuando está enfadado, cuando está alegre, no pretende engañar ni ocultar nada a los que tiene en frente. Y además, lo hace consistentemente en el tiempo. Ha mantenido el mismo discurso desde el inicio de la liga, tanto en los momentos de más duda y como en los momentos de más euforia.
Guardiola, solo prometió lo que sabía que podía cumplir: trabajar con esfuerzo y humildad para el bien de todos, construir un equipo del que sus seguidores se sintiesen orgullosos más allá de títulos y copas. Hay cosas que no dependen solo de uno mismo, como ganar un título, hay otras que si, como el esfuerzo. Cumplió con creces. Durante todo este tiempo ha clarificado expectativas, delimitando muy bien lo que se podía esperar de él y de su equipo, y el resultado final ha sido el mejor registro en la historia del fútbol español, pero si no lo hubiera conseguido, nadie lo hubiera reprochado nada.
Guardiola es absolutamente impecable con las palabras. Nunca habla mal de nadie, ni recrimina en público, ni descalifica. Cuando las cosas van mal, acepta la realidad y se responsabiliza. Describe objetivamente la situación sin entrar en juicios de valor estériles. A la vez, es generoso con sus alabanzas, apoya a sus jugadores siempre y cuando ellos cumplan con un solo compromiso: darlo todo en el campo.
Guardiola confía incondicionalmente en su gente y solo pide lo mismo a cambio. Les pide lealtad y él lo es. Se dirige a sus contrincantes con respeto sean de primera o tercera división. Es moderado en su discurso, sin radicalizar ni sobre actuar. Probablemente, Sócrates estaría orgulloso de él.
Pero también es humano, y grita, llora, se exaspera en el campo, corre con los brazos en alto. Se funde con el equipo en un emotivo abrazo, se vuelve cercano y accesible. Ha convertido a su equipo en un reflejo de sus valores: ha cohesionado a un grupo de jugadores para que busquen un objetivo común y mayor que cada uno de ellos, ha convertido a defensas en delanteros y a delanteros en defensas, les ha hecho que trabajaran hasta el último segundo de cada partido y que se sintieran orgullosos de ello.
Les ha hecho humildes, pero ambiciosos y orgullosos a la vez. Les ha convertido en el mejor equipo del mundo y de la historia, y no necesariamente por sus resultados, sino por los valores que defienden, en un deporte de estrellas multimillonarias y excesos de todo tipo. A diferencia de otros equipos, el F.C. Barcelona no está compuesto de estrellas, sino de héroes. Héroes humildes, entregados, generosos, prudentes, sensibles. Un claro reflejo de su entrenador.
Si el Barón de Cubertain levantara la cabeza, estoy seguro que le gustaría ver el espíritu del Barça en cada uno de los equipos del planeta. Él buscaba el perfeccionamiento espiritual a través del deporte y este equipo, va camino de la perfección gracias a su líder.
En un mundo donde los valores tambalean peligrosamente, Pep Guardiola se ha convertido en una referencia para todos aquellos que están desconcertados por esta depravación y depredación al que está sometido nuestro mundo y nuestra sociedad. Su impecabilidad y congruencia lo convierten a él y su equipo, en un santuario de confianza y credibilidad en una sociedad sin rumbo.
Xavier Pirla
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